La revista estadounidense Fortune, especializada en temas económicos, desmintió el mito de las “grandes riquezas” del Vaticano, y aseguró que si la Santa Sede fuera una corporación, ni siquiera se acercaría a las 500 más adineradas de su famosa lista Fortune 500.
En su artículo titulado “This pope means business” (“Este Papa va en serio”), Fortune indicó que “a menudo se asume que el Vaticano posee una gran riqueza, pero si fuera una compañía, sus ingresos no la acercarían a formar parte de Fortune 500”.
La lista de Fortune 500 está encabezada este año por la multinacional Wal-Mart, que registró 476,294 millones de dólares de ingresos, y con la gigante de la tecnología Apple en el 5 lugar, con 179,919 en ingresos.
El último puesto de su lista lo ocupó la empresa United Rentals, con un reporte de ingresos de 4,955 millones de dólares.
Fortune señaló que el presupuesto operativo del Vaticano es de apenas 700 millones de dólares, y “en 2013 se registró un pequeño superávit global de 11,5 millones de dólares”.
La revista estadounidense señaló además que la mayoría de los activos más valiosos del Vaticano “algunos de los más grandes tesoros de arte del mundo, son prácticamente invaluables y no están a la venta”.
“La Iglesia Católica es altamente descentralizada financieramente. En términos de dinero, el Vaticano básicamente está por su cuenta. Esa es una importante razón por la que sus finanzas son mucho más frágiles y su situación económica es mucho más modesta que su imagen de lujosa riqueza”.
El Vaticano, indicó la revista económica, no tiene acceso al dinero ni de las diócesis ni de las órdenes religiosas.
Explicó que “cada diócesis”, en términos económicos, “es una corporación separada con sus propias inversiones y presupuestos, incluyendo las arquidiócesis metropolitanas”.
Fortune señaló que las diócesis de todo el mundo “mandan cantidades importantes de dinero al Vaticano cada año, pero la mayoría de este está destinado para trabajo misionero o las donaciones de caridad del Papa”.
El Vaticano, indicó, “paga salarios relativamente bajos, pero ofrece beneficios generosos de salud y de retiro”.
“Los Cardenales y Obispos en las congregaciones y consejos a menudo reciben tan poco como 46 mil dólares al año”.
“A los soldados rasos, incluyendo monjas y sacerdotes, también se les paga sueldos menores a los del mercado”, publicó la revista, pero subrayó que “los empleados del Vaticano no pagan impuestos por ingresos”.
“Los empleados laicos del Vaticano tienen trabajos de por vida, y virtualmente nadie se va antes de la edad de jubilación”, señaló
David Ramos
aciprensa.com
jueves, 9 de octubre de 2014
Revista Fortune desmiente mito de “grandes riquezas” del Vaticano
miércoles, 8 de octubre de 2014
Papa Francisco: La división entre cristianos hiere a Cristo
Al presidir la catequesis en la Audiencia General de hoy, en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco alentó a buscar la reconciliación y plena comunión con otras confesiones que “comparten con nosotros la fe en Cristo”, pues la división entre cristianos hiere a Cristo.
A continuación la catequesis completa del Santo Padre gracias a Radio Vaticano:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En las últimas catequesis, hemos tratado de sacar a la luz la naturaleza y la belleza de la Iglesia, y nos hemos preguntado qué comporta para cada uno de nosotros el ser parte de este pueblo, pueblo de Dios, que es la Iglesia. Pero no debemos olvidar que hay tantos hermanos, que comparten con nosotros la fe en Cristo, pero que pertenecen a otras confesiones o a tradiciones diferentes de la nuestra.
Muchos se han resignado a esta división – también dentro de nuestra Iglesia católica se han resignado - que en el curso de la historia, a menudo ha sido causa de conflictos y de sufrimientos: ¡también de guerras eh! ¡Esta es una vergüenza! También hoy las relaciones no son siempre marcadas por el respeto y la cordialidad.
Pero, me pregunto: ¿nosotros, cómo nos presentamos de frente a todo esto? ¿También nosotros estamos resignados o somos incluso indiferentes a esta división? ¿O más bien creemos firmemente que se puede y se debe caminar en la dirección de la reconciliación y de la plena comunión? La plena comunión, es decir, poder participar todos juntos en el cuerpo y la sangre de Cristo.
La división entre cristianos, mientras hieren a la Iglesia, hieren a Cristo y nosotros divididos herimos a Cristo: la Iglesia, en efecto, es el cuerpo del cual Cristo es la cabeza. Sabemos bien cuánto deseaba Jesús que sus discípulos permanecieran unidos en su amor.
Es suficiente pensar en sus palabras referidas en el capítulo décimo séptimo del Evangelio de Juan, la oración dirigida al Padre en la inminencia de la pasión: “Padre santo, cuida en tu nombre a los que me diste, para que sean uno como nosotros” (Jn, 17,11). Ésta unidad estaba ya amenazada mientras Jesús estaba todavía entre los suyos: en el Evangelio, en efecto, se recuerda que los apóstoles discutían entre ellos sobre quién fuera el más grande, el más importante (cfr Lc 9,46).
Pero el Señor, ha insistido tanto en la unidad en el nombre del Padre, haciéndonos entender que nuestro anuncio y nuestro testimonio serán más creíbles cuánto más nosotros, en primer lugar, seremos capaces de vivir en comunión y de amarnos.
Es lo que sus apóstoles, con la gracia del Espíritu Santo, comprendieron después profundamente y cuidaron, tanto que San Pablo llegará a implorar la comunidad de Corinto con estas palabras: “Hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, yo los exhorto a que se pongan de acuerdo: que no haya divisiones entre ustedes y vivan en perfecta armonía, teniendo la misma manera de pensar y de sentir” (1 Cor 1,10).
Durante su camino en la historia, la Iglesia es tentada por el maligno, que trata de dividirla, y por desgracia se ha visto afectada por separaciones graves y dolorosas. Son divisiones que a veces se han prolongado en el tiempo, hasta hoy, por lo cual ahora resulta difícil reconstruir todos los motivos y sobre todo, encontrar soluciones posibles.
Las razones que llevaron a las fracturas y separaciones pueden ser muy diferentes: desde las diferencias sobre principios dogmáticos y morales y sobre concepciones teológicas y pastorales diversas, a los motivos políticos y de conveniencia, hasta los enfrentamientos debidos a antipatías y ambiciones personales... Los que es cierto es que, en un modo o en el otro, detrás de estas laceraciones están siempre la soberbia y el egoísmo, que son causa de todo desacuerdo y nos hacen intolerantes, incapaces de escuchar y aceptar a aquellos que tienen una visión o un posición diferente de la nuestra.
Ahora, de frente a todo esto, ¿hay algo que cada uno de nosotros, como miembros de la santa madre Iglesia, podemos y debemos hacer? Ciertamente, no debe faltar la oración, en continuidad y en comunión con la de Jesús, la oración por la unidad de los cristianos.
Y junto con la oración, el Señor nos pide una renovada apertura: nos pide no cerrarnos al diálogo y al encuentro, sino captar todo aquello que de válido y positivo se nos ofrece también por quienes piensan diferente de nosotros o se ponen en una diferente posición. Nos pide no fijar la mirada en lo que nos divide, sino más bien en lo que nos une, tratando de conocer mejor y amar a Jesús y compartir la riqueza de su amor.
Y esto conlleva concretamente la adhesión a la verdad, junto con la capacidad de perdonarse, de sentirse parte de la misma familia cristiana, de considerarse el uno un don para el otro y hacer juntos muchas cosas buenas, y obras de caridad.
Es un dolor, pero hay divisiones, hay cristianos divididos, nos hemos dividido entre nosotros.
Pero todos tenemos algo en común: todos creemos en Jesucristo el Señor, todos creemos en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, y en tercer lugar, todos caminamos juntos, estamos en camino. ¡Ayudémonos los unos a los otros! Tú piensas así, tú así…Pero, en todas las comunidades hay buenos teólogos: que ellos discutan, que ellos busquen la verdad teológica, porque es un deber; pero nosotros caminemos juntos, rezando los unos por los otros, y haciendo las obras de caridad. Y así hacemos la comunión en camino, esto se llama: ecumenismo espiritual. Caminar el camino de la vida todos juntos en nuestra fe, en Jesucristo nuestro Señor.
Se dice que no debe hablarse de cosas personales, pero, no resisto a la tentación…Estamos hablando de comunión, comunión entre nosotros, y hoy, estoy muy agradecido al Señor, porque hoy ¡hace 70 años que hice la Primera Comunión! Pero, hacer la Primera Comunión todos nosotros debemos saber que significa entrar en comunión con los otros, en comunión con los hermanos de nuestra iglesia, pero también en comunión con todos aquellos que pertenecen a comunidades diferentes, pero creen en Jesús.
Agradezcamos al Señor, todos, por nuestro bautismo, agradezcamos al Señor todos, por nuestra comunión, y para que esta comunión sea al final una comunión de todos juntos.
Queridos amigos, ¡entonces vamos hacia adelante hacia la unidad plena! La historia nos ha separado, pero estamos en camino hacia la reconciliación y la comunión. Y esto es verdad, ¡esto tenemos que defender! ¡Todos estamos en camino hacia la comunión!
Y cuando la meta nos pueda parecer demasiado lejana, casi inalcanzable, y nos sintamos atrapados por el desaliento, nos anime la idea de que Dios no puede cerrar su oído a la voz de su propio Hijo Jesús y no cumplir con sus y nuestras oraciones, para que todos los cristianos sean verdaderamente una sola cosa. Gracias.
aciprensa.com
lunes, 29 de septiembre de 2014
Los ángeles nos defienden de Satanás que quiere destruir al hombre, dice el Papa Francisco
Satanás presenta las cosas como si fueran buenas, pero su intención es la de destruir al hombre; y los ángeles luchan contra el demonio y nos defienden, así lo dijo el Papa Francisco la homilía de la Misa que celebró hoy en el día en que la Iglesia festeja a los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.
Según señala Radio Vaticano, el Papa Francisco se refirió a la “lucha entre el demonio y Dios”, teniendo en cuenta las lecturas del día: la visión de la gloria de Dios relatada por el profeta Daniel con el Hijo del hombre, Jesucristo, ante el Padre; la lucha del arcángel Miguel y sus ángeles contra “el gran dragón, la serpiente antigua, que es llamado diablo” y que “sedujo a toda la tierra habitada”, pero que fue derrotado, como afirma el Apocalipsis; y el Evangelio en que Jesús dice a Natanael: “verán el cielo abierto y los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre”.
El Papa dijo que “esta lucha se produce después de que Satanás trata de destruir a la mujer que está a punto de dar a luz al hijo. Satanás siempre trata de destruir al hombre: aquel hombre que Daniel veía allí, en la gloria, y que Jesús decía a Natanael que vendría en la gloria. Desde el inicio la Biblia nos habla de esto: de esta seducción para destruir, de Satanás. Tal vez por envidia. Nosotros leemos en el Salmo 8: ‘Tú has hecho al hombre superior a los ángeles’, y esa inteligencia tan grande del ángel no podía llevar sobre sus espaldas esta humillación, que una criatura inferior fuera hecha superior; y trataba de destruirlo”.
Por tanto, Satanás trata de destruir a la humanidad, a todos: “tantos proyectos, excepto los pecados propios, pero tantos, tantos proyectos de deshumanización del hombre, son obra suya, sencillamente porque odia al hombre. Es astuto: lo dice la primera página del Génesis; es astuto. Presenta las cosas como si fueran buenas. Pero su intención es la destrucción. Y los ángeles nos defienden”.
Los ángeles, dijo luego el Santo Padre, “defienden al hombre y defienden al Hombre-Dios, al hombre superior, Jesucristo que es la perfección de la humanidad, el más perfecto. Por esto la Iglesia honra a los ángeles, porque son los que estarán en la gloria de Dios –están en la gloria de Dios– porque defienden el gran misterio escondido de Dios, es decir que el Verbo ha venido en la carne”.
“El deber del pueblo de Dios –afirmó el Pontífice– es custodiar en sí al hombre: al hombre Jesús” porque “es el hombre que da vida a todos los hombres”. En cambio, en sus proyectos de destrucción, Satanás inventa “explicaciones humanísticas que van, propiamente, contra el hombre, contra la humanidad y contra Dios”.
“La lucha es una realidad cotidiana en la vida cristiana: en nuestro corazón, en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestro pueblo, en nuestras iglesias… Si no se lucha, seremos vencidos. Pero el Señor ha dado esta tarea principalmente a los ángeles: luchar y vencer. Y el canto final del Apocalipsis, después de esta lucha, es tan bello: ‘Ahora se ha cumplido la salvación, la fuerza y el Reino de nuestro Dios y el poder de su Cristo, porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, aquel que los acusaba ante nuestro Dios día y noche’”.
Para concluir, el Papa invitó a orar a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael y a “rezar esa oración antigua, pero tan bella, al arcángel Miguel, para que sigua luchando para defender el misterio más grande de la humanidad: que el Verbo se ha hecho Hombre, ha muerto y resucitado. Éste es nuestro tesoro. Que Él siga luchando para custodiarlo”.
aciprensa.com
Según señala Radio Vaticano, el Papa Francisco se refirió a la “lucha entre el demonio y Dios”, teniendo en cuenta las lecturas del día: la visión de la gloria de Dios relatada por el profeta Daniel con el Hijo del hombre, Jesucristo, ante el Padre; la lucha del arcángel Miguel y sus ángeles contra “el gran dragón, la serpiente antigua, que es llamado diablo” y que “sedujo a toda la tierra habitada”, pero que fue derrotado, como afirma el Apocalipsis; y el Evangelio en que Jesús dice a Natanael: “verán el cielo abierto y los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre”.
El Papa dijo que “esta lucha se produce después de que Satanás trata de destruir a la mujer que está a punto de dar a luz al hijo. Satanás siempre trata de destruir al hombre: aquel hombre que Daniel veía allí, en la gloria, y que Jesús decía a Natanael que vendría en la gloria. Desde el inicio la Biblia nos habla de esto: de esta seducción para destruir, de Satanás. Tal vez por envidia. Nosotros leemos en el Salmo 8: ‘Tú has hecho al hombre superior a los ángeles’, y esa inteligencia tan grande del ángel no podía llevar sobre sus espaldas esta humillación, que una criatura inferior fuera hecha superior; y trataba de destruirlo”.
Por tanto, Satanás trata de destruir a la humanidad, a todos: “tantos proyectos, excepto los pecados propios, pero tantos, tantos proyectos de deshumanización del hombre, son obra suya, sencillamente porque odia al hombre. Es astuto: lo dice la primera página del Génesis; es astuto. Presenta las cosas como si fueran buenas. Pero su intención es la destrucción. Y los ángeles nos defienden”.
Los ángeles, dijo luego el Santo Padre, “defienden al hombre y defienden al Hombre-Dios, al hombre superior, Jesucristo que es la perfección de la humanidad, el más perfecto. Por esto la Iglesia honra a los ángeles, porque son los que estarán en la gloria de Dios –están en la gloria de Dios– porque defienden el gran misterio escondido de Dios, es decir que el Verbo ha venido en la carne”.
“El deber del pueblo de Dios –afirmó el Pontífice– es custodiar en sí al hombre: al hombre Jesús” porque “es el hombre que da vida a todos los hombres”. En cambio, en sus proyectos de destrucción, Satanás inventa “explicaciones humanísticas que van, propiamente, contra el hombre, contra la humanidad y contra Dios”.
“La lucha es una realidad cotidiana en la vida cristiana: en nuestro corazón, en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestro pueblo, en nuestras iglesias… Si no se lucha, seremos vencidos. Pero el Señor ha dado esta tarea principalmente a los ángeles: luchar y vencer. Y el canto final del Apocalipsis, después de esta lucha, es tan bello: ‘Ahora se ha cumplido la salvación, la fuerza y el Reino de nuestro Dios y el poder de su Cristo, porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, aquel que los acusaba ante nuestro Dios día y noche’”.
Para concluir, el Papa invitó a orar a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael y a “rezar esa oración antigua, pero tan bella, al arcángel Miguel, para que sigua luchando para defender el misterio más grande de la humanidad: que el Verbo se ha hecho Hombre, ha muerto y resucitado. Éste es nuestro tesoro. Que Él siga luchando para custodiarlo”.
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jueves, 25 de septiembre de 2014
El proyecto de tu vida
¿Alguna vez te has sentado a reflexionar sobre el proyecto de tu vida? Posiblemente lo hiciste en tu adolescencia o al comienzo de tu juventud.
Quizás también en un momento de dificultad. Muy probablemente no lo hayas hecho desde entonces. Cualquiera que sea la etapa en que te encuentres ahora, te invito a que te tomes unos momentos de silencio y de tranquilidad para pensar un poco sobre ésto. Te aseguro que no te arrepentirás.
Me preguntarás para qué hacerlo. Te lo diré: te ayudará a evitar sorpresas desagradables en un futuro.
Vivimos en un mundo en que las actividades y las cosas no nos dejan tiempo para pensar. Nos hemos subido a un tren de vida con sus horarios y sus obligaciones y corremos el riesgo de olvidar el destino a donde queremos llegar. En no pocas ocasiones, las prisas y las tensiones nos hacen tomar decisiones a la ligera que sin darnos cuenta nos alejan del tipo de persona que queremos ser. Un buen día nos despertamos y no reconocemos en nosotros los valores que decimos defender. Y en ese momento, o retomamos el camino, o nos dejamos llevar por las circunstancias sin saber a dónde nos llevarán. Es conveniente, por esto, sacar de vez en cuando la brújula de nuestra vida para ver si seguimos por buen camino o si es necesario virar en alguna otra dirección.
Lo primero es preguntarnos si sabemos a dónde queremos ir. Esto es elemental, pues no podemos tomar ninguna decisión sin esta información. ¿Qué quiero realmente de mi vida? El trajeteo muchas veces nos hace vivir sin una meta en concreto. ¿Qué es importante para mí? ¿Pasarla bien y ya? ¿Ganar mucho dinero? ¿Hacer carrera? ¿Ayudar a alguien? ¿Sacar adelante mi matrimonio y mi familia? ¿Hacer algo para que este mundo sea mejor? ¿Hacer a alguien feliz?
Es importante verificar que nuestra meta valga realmente la pena. Que no sea pasajera ni superflua. Sirve mucho imaginarse a una misma de 80 años y tratar de pensar en lo que «fue» nuestra vida. Pensar en lo que me gustaría haber hecho para entonces, y cómo quisiera haber llegado a esa edad. El tener nuestro ideal ante los ojos nos ayudará a mantenernos firmes ante las dificultades cuando todo parezca invitarnos a tirar la toalla.
Así lo hizo Sandra. Hace unos años vivía sólo para sus hijos. Cuando todavía eran pequeños asistió a la boda de sus sobrinos, lo que le hizo proyectar su vida y verse al cabo del tiempo a solas con su marido, como ahora lo estaba su hermana. Haciendo esto se dio cuenta de que había postergado un poco la relación con su esposo. Recapacitó y cambió de actitud. Sin descuidar a sus hijos, decidió dedicar más tiempo y entusiasmo a su marido. Gracias a esto su matrimonio salió a flote cuando se encontraron solos, y ahora viven felizmente una nueva etapa de su vida, en contraste con otras parejas que han naufragado al quedarse el nido vacío.
Teniendo clara la meta, debemos preguntarnos dónde nos encontramos. De no hacerlo corremos el riesgo de tomar el camino equivocado y nunca llegar a donde queremos. En este punto hay que ser muy objetivas y valientes. Vernos como realmente somos y no como nos gustaría que nos vieran. Se puede dar el caso de que nos hayamos desviado del camino. Que estemos mucho más lejos de lo que pensábamos y hasta que vayamos por el rumbo opuesto. Esto nos puede doler y hasta avergonzar. ¡No hay que desilusionarnos ni desmotivarnos! Lo importante es que nos demos cuenta para poder retomar nuestra dirección.
Una vez aceptada nuestra realidad, no hay que quedarnos ahí, es necesario marcar la ruta a seguir para acercarnos a nuestra meta. Aquí es importante ser muy realista. No todo está en nuestras manos. Aceptar con buen ánimo lo que no podemos cambiar nos ayudará a no amargarnos la existencia. Pero eso sí, no hay que omitir lo que esté a nuestro alcance. Habrá ocasiones en que será necesario cambiar de actitud ante una persona. Esto no se hace en un día, pero poco a poco se irá avanzando. En otros casos se tratará de reorganizar nuestras prioridades y el uso de nuestro tiempo. Habrá que hacerlo en sintonía con quienes estén implicados para que se dé de la mejor manera. Si para mí lo más importante es mi familia, tengo que asegurarme que le estoy dedicando el tiempo necesario. Si esto significa cambiar mis actividades, ahora es cuando. Si dentro de mis prioridades está ayudar a los necesitados, será muy conveniente pensar en modos prácticos de hacerlo. De otro modo me quedaré con muy buenas intenciones pero que nunca se harán vida. Es importante concretar los buenos propósitos para que lleguen a ser realidades.
Otro punto del realismo será el no tratar de cambiar todo al mismo tiempo. Tengo que ver cuál es el obstáculo más grande que me impide llegar a ser lo que yo quiero ser y empezar por ahí. Sin olvidar que Roma no se construyó en un día. La constancia en mis determinaciones será la clave del éxito. Me puede llevar muchos años en llegar a donde quiero. Lo importante es revisar el mapa constantemente, y mientras vayamos en la dirección correcta, todo está asegurado.
Sirve mucho escribir los propósitos o el proyecto de vida para que no se olvide. Revisarlo de vez en cuando ayuda a renovarlo y a irlo poniendo en práctica poco a poco. Sólo tenemos una vida para dejar huella en este mundo y al final lo único que queda es el bien que hayamos hecho a los demás. Un poco de reflexión no nos hará daño, y podrá hacer la diferencia en nuestra vida.
Liliana Esmenjaud
Mujer Nueva
fluvium.org
iglesia.org
Quizás también en un momento de dificultad. Muy probablemente no lo hayas hecho desde entonces. Cualquiera que sea la etapa en que te encuentres ahora, te invito a que te tomes unos momentos de silencio y de tranquilidad para pensar un poco sobre ésto. Te aseguro que no te arrepentirás.
Me preguntarás para qué hacerlo. Te lo diré: te ayudará a evitar sorpresas desagradables en un futuro.
Vivimos en un mundo en que las actividades y las cosas no nos dejan tiempo para pensar. Nos hemos subido a un tren de vida con sus horarios y sus obligaciones y corremos el riesgo de olvidar el destino a donde queremos llegar. En no pocas ocasiones, las prisas y las tensiones nos hacen tomar decisiones a la ligera que sin darnos cuenta nos alejan del tipo de persona que queremos ser. Un buen día nos despertamos y no reconocemos en nosotros los valores que decimos defender. Y en ese momento, o retomamos el camino, o nos dejamos llevar por las circunstancias sin saber a dónde nos llevarán. Es conveniente, por esto, sacar de vez en cuando la brújula de nuestra vida para ver si seguimos por buen camino o si es necesario virar en alguna otra dirección.
Lo primero es preguntarnos si sabemos a dónde queremos ir. Esto es elemental, pues no podemos tomar ninguna decisión sin esta información. ¿Qué quiero realmente de mi vida? El trajeteo muchas veces nos hace vivir sin una meta en concreto. ¿Qué es importante para mí? ¿Pasarla bien y ya? ¿Ganar mucho dinero? ¿Hacer carrera? ¿Ayudar a alguien? ¿Sacar adelante mi matrimonio y mi familia? ¿Hacer algo para que este mundo sea mejor? ¿Hacer a alguien feliz?
Es importante verificar que nuestra meta valga realmente la pena. Que no sea pasajera ni superflua. Sirve mucho imaginarse a una misma de 80 años y tratar de pensar en lo que «fue» nuestra vida. Pensar en lo que me gustaría haber hecho para entonces, y cómo quisiera haber llegado a esa edad. El tener nuestro ideal ante los ojos nos ayudará a mantenernos firmes ante las dificultades cuando todo parezca invitarnos a tirar la toalla.
Así lo hizo Sandra. Hace unos años vivía sólo para sus hijos. Cuando todavía eran pequeños asistió a la boda de sus sobrinos, lo que le hizo proyectar su vida y verse al cabo del tiempo a solas con su marido, como ahora lo estaba su hermana. Haciendo esto se dio cuenta de que había postergado un poco la relación con su esposo. Recapacitó y cambió de actitud. Sin descuidar a sus hijos, decidió dedicar más tiempo y entusiasmo a su marido. Gracias a esto su matrimonio salió a flote cuando se encontraron solos, y ahora viven felizmente una nueva etapa de su vida, en contraste con otras parejas que han naufragado al quedarse el nido vacío.
Teniendo clara la meta, debemos preguntarnos dónde nos encontramos. De no hacerlo corremos el riesgo de tomar el camino equivocado y nunca llegar a donde queremos. En este punto hay que ser muy objetivas y valientes. Vernos como realmente somos y no como nos gustaría que nos vieran. Se puede dar el caso de que nos hayamos desviado del camino. Que estemos mucho más lejos de lo que pensábamos y hasta que vayamos por el rumbo opuesto. Esto nos puede doler y hasta avergonzar. ¡No hay que desilusionarnos ni desmotivarnos! Lo importante es que nos demos cuenta para poder retomar nuestra dirección.
Una vez aceptada nuestra realidad, no hay que quedarnos ahí, es necesario marcar la ruta a seguir para acercarnos a nuestra meta. Aquí es importante ser muy realista. No todo está en nuestras manos. Aceptar con buen ánimo lo que no podemos cambiar nos ayudará a no amargarnos la existencia. Pero eso sí, no hay que omitir lo que esté a nuestro alcance. Habrá ocasiones en que será necesario cambiar de actitud ante una persona. Esto no se hace en un día, pero poco a poco se irá avanzando. En otros casos se tratará de reorganizar nuestras prioridades y el uso de nuestro tiempo. Habrá que hacerlo en sintonía con quienes estén implicados para que se dé de la mejor manera. Si para mí lo más importante es mi familia, tengo que asegurarme que le estoy dedicando el tiempo necesario. Si esto significa cambiar mis actividades, ahora es cuando. Si dentro de mis prioridades está ayudar a los necesitados, será muy conveniente pensar en modos prácticos de hacerlo. De otro modo me quedaré con muy buenas intenciones pero que nunca se harán vida. Es importante concretar los buenos propósitos para que lleguen a ser realidades.
Otro punto del realismo será el no tratar de cambiar todo al mismo tiempo. Tengo que ver cuál es el obstáculo más grande que me impide llegar a ser lo que yo quiero ser y empezar por ahí. Sin olvidar que Roma no se construyó en un día. La constancia en mis determinaciones será la clave del éxito. Me puede llevar muchos años en llegar a donde quiero. Lo importante es revisar el mapa constantemente, y mientras vayamos en la dirección correcta, todo está asegurado.
Sirve mucho escribir los propósitos o el proyecto de vida para que no se olvide. Revisarlo de vez en cuando ayuda a renovarlo y a irlo poniendo en práctica poco a poco. Sólo tenemos una vida para dejar huella en este mundo y al final lo único que queda es el bien que hayamos hecho a los demás. Un poco de reflexión no nos hará daño, y podrá hacer la diferencia en nuestra vida.
Liliana Esmenjaud
Mujer Nueva
fluvium.org
iglesia.org
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Saludemos hoy a Albania, pueblo valiente y trabajador que en paz busca la unidad, el Papa en la catequesis
Como un pueblo durante tanto tiempo oprimido por un régimen inhumano, pero donde hoy se puede constatar un renacimiento de la Iglesia, y también la posibilidad concreta de una convivencia pacífica y fructuosa entre personas y comunidades de diferentes religiones, definió el Obispo de Roma al “país de las águilas”, en la Catequesis del miércoles 24 de setiembre en la plaza del Santuario de San Pedro en Roma.
Francisco agradeció a Dios por haberle permitido mostrar, también físicamente su cercanía y la de la Iglesia a este país y explicó que esta convivencia pacífica se basa en un diálogo auténtico en busca de lo que acomuna a las diversas formas religiosas: el camino de la vida, rechazando el relativismo, y la voluntad de hacer bien al prójimo, sin renegar de la respectiva identidad.
Y relató que en Albania recordaron conmovidos a tantas víctimas de la persecución y a los mártires. Ellos no son los vencidos – dijo –, sino los vencedores, en un régimen que prohibía la fe y quiso exterminar a Dios de todos los ámbitos de la vida. En su testimonio heroico brilla la omnipotencia de Dios, que siempre consuela a su pueblo y abre nuevas vías de esperanza.
El Vicario de Cristo afirmó que los perseguidos y los mártires de Albania nos recuerdan hoy que nuestra fuerza reside principalmente en el amor de Cristo, que nos sostiene en la dificultad y nos inspira la bondad y el perdón, mostrando así la misericordia de Dios.
Jesuita Guillermo Ortiz de RADIO VATICANA.
Texto completo de la catequesis del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy quisiera hablar del Viaje Apostólico que he realizado a Albania el domingo pasado. Lo hago, sobre todo, como acto de agradecimiento a Dios, que me ha concedido el poder realizar esta visita para demostrar, incluso físicamente y en modo tangible, mi cercanía y la de toda la Iglesia a este pueblo. Deseo por tanto renovar mi fraterno reconocimiento al Episcopado albanés, a los sacerdotes y a los religiosos y religiosas que obran con tanto empeño. Mi agradecido pensamiento se dirige también a las Autoridades que me han acogido con tanta cortesía, como también a cuantos han cooperado para la realización de la visita.
Esta visita nació del deseo de ir a un país que luego de haber estado por largo tiempo oprimido por un régimen ateo y deshumano, está viviendo una experiencia de pacífica convivencia entre sus diversas componentes religiosas. Me parecía importante alentarlo en este camino, para que lo continúe con tenacidad y profundice todas las consecuencias a favor del bien común. Por esto, al centro del viaje estuvo un encuentro interreligioso donde he podido constatar, con viva satisfacción, que la pacífica y fructuosa convivencia entre personas y comunidades pertenecientes a religiones diversas es no sólo de esperar, sino concretamente posible y practicable. ¡Ellos la practican! Se trata de una diálogo auténtico y fructífero que rechaza el relativismo y tiene en cuenta la identidad de cada uno. Lo que acomuna a las varias expresiones religiosas, en efecto, es el camino de la vida, la buena voluntad de hacer el bien al prójimo, no renegando o disminuyendo las respectivas identidades.
El encuentro con los sacerdotes, las personas consagradas, los seminaristas y los movimientos laicales ha sido la ocasión para hacer grata memoria, con acentos de particular conmoción, de los numerosos mártires de la fe. Gracias a la presencia de algunos ancianos, que han vivido sobre su propia carne las terribles persecuciones, ha resonado la fe de tantos heroicos testigos del pasado, los cuales han seguido a Cristo hasta las extremas consecuencias. Es precisamente de la unión íntima con Jesús, de la relación de amor con Él que ha brotado para estos mártires – como para todo mártir – la fuerza para afrontar los acontecimientos dolorosos que los han conducido al martirio. También hoy, como ayer, la fuerza de la Iglesia no es dada tanto por las capacidades organizativas o por las estructuras, que son también necesarias. ¡Pero su fuerza la Iglesia no la encuentra allí! ¡Nuestra fuerza es el amor de Cristo! Una fuerza que nos sostiene en los momentos de dificultad y que inspira la actual acción apostólica, para ofrecer a todos bondad y perdón, dando testimonio así de la misericordia de Dios.
Recorriendo la avenida principal de Tirana que desde el aeropuerto lleva a la gran plaza central, pude ver los retratos de los cuarenta sacerdotes asesinados durante la dictadura comunista y para quienes se ha iniciado la causa de beatificación. Estos se suman a los cientos de cristianos y musulmanes asesinados, torturados, encarcelados y deportados sólo porque creían en Dios. Fueron años oscuros, durante los cuales fue arrasada la libertad religiosa y estaba prohibido creer en Dios, miles de iglesias y mezquitas fueron destruidas, convertidas en almacenes y salas de cine que propagaban la ideología marxista, los libros religiosos fueron quemados y a los padres se les prohibió poner a sus hijos los nombres religiosos de los antepasados.
El recuerdo de estos eventos dramáticos es esencial para el futuro de un pueblo. La memoria de los mártires que han resistido en la fe es garantía para el destino de Albania; porque su sangre no fue derramada en vano, sino que es una semilla que traerá frutos de paz y de colaboración fraterna. Hoy, de hecho, Albania es un ejemplo no sólo de renacimiento de la Iglesia, sino también de la convivencia pacífica entre las religiones. Por lo tanto, los mártires no son los vencidos, sino los vencedores: en su heroico testimonio brilla la omnipotencia de Dios, que siempre consuela a su pueblo, abriendo nuevos caminos y horizontes de esperanza.
Este mensaje de esperanza, fundado sobre la fe en Cristo y en la memoria del pasado, lo he confiado a toda la población albanesa que he visto entusiasta y alegre en los lugares de los encuentros y celebraciones, así como en las calles de Tirana. He animado a todos a sacar energías siempre nuevas del Señor resucitado, para poder ser levadura evangélica en la sociedad y comprometerse, como ya sucede, en actividades caritativas y educativas.
Una vez más doy las gracias al Señor porque, con este viaje, me ha hecho encontrar a un pueblo valiente y fuerte, que no se dejó doblar por el dolor. A los hermanos y hermanas de Albania renuevo la invitación a la valentía del bien, para construir el presente y el futuro de su país y de Europa.
Encomiendo los frutos de mi visita a la Virgen del Buen Consejo, que se venera en el Santuario de Scutari, para que Ella continúe a guiar el camino de este pueblo-mártir. La dura experiencia del pasado lo arraigue siempre más en la apertura hacia los hermanos, especialmente los más débiles, y lo haga protagonista de aquel dinamismo de la caridad, tan necesario en el contexto socio-cultural de hoy. Quisiera que todos nosotros saludemos hoy a este pueblo valiente y trabajador que, en paz, busca la unidad.
Traducción del italiano: María Cecilia Mutual, Griselda Mutual - Radio Vaticana
news.va
Francisco agradeció a Dios por haberle permitido mostrar, también físicamente su cercanía y la de la Iglesia a este país y explicó que esta convivencia pacífica se basa en un diálogo auténtico en busca de lo que acomuna a las diversas formas religiosas: el camino de la vida, rechazando el relativismo, y la voluntad de hacer bien al prójimo, sin renegar de la respectiva identidad.
Y relató que en Albania recordaron conmovidos a tantas víctimas de la persecución y a los mártires. Ellos no son los vencidos – dijo –, sino los vencedores, en un régimen que prohibía la fe y quiso exterminar a Dios de todos los ámbitos de la vida. En su testimonio heroico brilla la omnipotencia de Dios, que siempre consuela a su pueblo y abre nuevas vías de esperanza.
El Vicario de Cristo afirmó que los perseguidos y los mártires de Albania nos recuerdan hoy que nuestra fuerza reside principalmente en el amor de Cristo, que nos sostiene en la dificultad y nos inspira la bondad y el perdón, mostrando así la misericordia de Dios.
Jesuita Guillermo Ortiz de RADIO VATICANA.
Texto completo de la catequesis del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy quisiera hablar del Viaje Apostólico que he realizado a Albania el domingo pasado. Lo hago, sobre todo, como acto de agradecimiento a Dios, que me ha concedido el poder realizar esta visita para demostrar, incluso físicamente y en modo tangible, mi cercanía y la de toda la Iglesia a este pueblo. Deseo por tanto renovar mi fraterno reconocimiento al Episcopado albanés, a los sacerdotes y a los religiosos y religiosas que obran con tanto empeño. Mi agradecido pensamiento se dirige también a las Autoridades que me han acogido con tanta cortesía, como también a cuantos han cooperado para la realización de la visita.
Esta visita nació del deseo de ir a un país que luego de haber estado por largo tiempo oprimido por un régimen ateo y deshumano, está viviendo una experiencia de pacífica convivencia entre sus diversas componentes religiosas. Me parecía importante alentarlo en este camino, para que lo continúe con tenacidad y profundice todas las consecuencias a favor del bien común. Por esto, al centro del viaje estuvo un encuentro interreligioso donde he podido constatar, con viva satisfacción, que la pacífica y fructuosa convivencia entre personas y comunidades pertenecientes a religiones diversas es no sólo de esperar, sino concretamente posible y practicable. ¡Ellos la practican! Se trata de una diálogo auténtico y fructífero que rechaza el relativismo y tiene en cuenta la identidad de cada uno. Lo que acomuna a las varias expresiones religiosas, en efecto, es el camino de la vida, la buena voluntad de hacer el bien al prójimo, no renegando o disminuyendo las respectivas identidades.
El encuentro con los sacerdotes, las personas consagradas, los seminaristas y los movimientos laicales ha sido la ocasión para hacer grata memoria, con acentos de particular conmoción, de los numerosos mártires de la fe. Gracias a la presencia de algunos ancianos, que han vivido sobre su propia carne las terribles persecuciones, ha resonado la fe de tantos heroicos testigos del pasado, los cuales han seguido a Cristo hasta las extremas consecuencias. Es precisamente de la unión íntima con Jesús, de la relación de amor con Él que ha brotado para estos mártires – como para todo mártir – la fuerza para afrontar los acontecimientos dolorosos que los han conducido al martirio. También hoy, como ayer, la fuerza de la Iglesia no es dada tanto por las capacidades organizativas o por las estructuras, que son también necesarias. ¡Pero su fuerza la Iglesia no la encuentra allí! ¡Nuestra fuerza es el amor de Cristo! Una fuerza que nos sostiene en los momentos de dificultad y que inspira la actual acción apostólica, para ofrecer a todos bondad y perdón, dando testimonio así de la misericordia de Dios.
Recorriendo la avenida principal de Tirana que desde el aeropuerto lleva a la gran plaza central, pude ver los retratos de los cuarenta sacerdotes asesinados durante la dictadura comunista y para quienes se ha iniciado la causa de beatificación. Estos se suman a los cientos de cristianos y musulmanes asesinados, torturados, encarcelados y deportados sólo porque creían en Dios. Fueron años oscuros, durante los cuales fue arrasada la libertad religiosa y estaba prohibido creer en Dios, miles de iglesias y mezquitas fueron destruidas, convertidas en almacenes y salas de cine que propagaban la ideología marxista, los libros religiosos fueron quemados y a los padres se les prohibió poner a sus hijos los nombres religiosos de los antepasados.
El recuerdo de estos eventos dramáticos es esencial para el futuro de un pueblo. La memoria de los mártires que han resistido en la fe es garantía para el destino de Albania; porque su sangre no fue derramada en vano, sino que es una semilla que traerá frutos de paz y de colaboración fraterna. Hoy, de hecho, Albania es un ejemplo no sólo de renacimiento de la Iglesia, sino también de la convivencia pacífica entre las religiones. Por lo tanto, los mártires no son los vencidos, sino los vencedores: en su heroico testimonio brilla la omnipotencia de Dios, que siempre consuela a su pueblo, abriendo nuevos caminos y horizontes de esperanza.
Este mensaje de esperanza, fundado sobre la fe en Cristo y en la memoria del pasado, lo he confiado a toda la población albanesa que he visto entusiasta y alegre en los lugares de los encuentros y celebraciones, así como en las calles de Tirana. He animado a todos a sacar energías siempre nuevas del Señor resucitado, para poder ser levadura evangélica en la sociedad y comprometerse, como ya sucede, en actividades caritativas y educativas.
Una vez más doy las gracias al Señor porque, con este viaje, me ha hecho encontrar a un pueblo valiente y fuerte, que no se dejó doblar por el dolor. A los hermanos y hermanas de Albania renuevo la invitación a la valentía del bien, para construir el presente y el futuro de su país y de Europa.
Encomiendo los frutos de mi visita a la Virgen del Buen Consejo, que se venera en el Santuario de Scutari, para que Ella continúe a guiar el camino de este pueblo-mártir. La dura experiencia del pasado lo arraigue siempre más en la apertura hacia los hermanos, especialmente los más débiles, y lo haga protagonista de aquel dinamismo de la caridad, tan necesario en el contexto socio-cultural de hoy. Quisiera que todos nosotros saludemos hoy a este pueblo valiente y trabajador que, en paz, busca la unidad.
Traducción del italiano: María Cecilia Mutual, Griselda Mutual - Radio Vaticana
news.va
martes, 23 de septiembre de 2014
Futbolista conmueve a italianos al celebrar gol con su abuela en la tribuna
Un volante del equipo A.S.Roma no anotaba desde hacía seis meses en la liga italiana de fútbol y festejó el tanto de manera pocas veces vista en la liga italiana: corrió hasta donde estaba su abuela en las tribunas y se fundió en un tierno abrazo con ella.
Alessandro Florenzi anotó el fin de semana el segundo gol en la victoria de su equipo contra el Cagliari en la Serie A italiana en el Estadio Olímpico de Roma. Con su tanto, el A.S. Roma se convirtió en el líder del Calcio al tener mejor diferencia de goles que el actual campeón, la Juventus de Turín.
Tras anotar el gol, Florenzi no celebró con sus compañeros sino que atravesó el campo y para asombro de los asistentes saltó por encima de los anuncios publicitarios, ingresó a las tribunas y corrió hasta donde estaba su abuela de 82 años para darle un beso y un tierno abrazo.
En declaraciones a Sky, el volante dijo que era la primera vez que su abuela iba a verlo jugar. “Nunca antes vino, ni siquiera cuando era niño y era más cómodo hacerlo. Esta vez ha venido con sus 82 años. Me dijo que iba a venir, me dijo: ‘voy al estadio, a verte solo a ti, así que ven a saludarme’”.
Florenzi dijo además que corrió hasta donde su abuela porque “era una promesa que hice para ella, una persona muy especial y he compartido esto con todo el estadio”.
aciprensa.com
domingo, 14 de septiembre de 2014
Evangelio del Domingo
Evangelio según San Juan 3,13-17
Jesús dijo a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto,
para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
Comentario del Evangelio: “Para que el mundo se salve por él” Por: Santa Teresa Benedicta de la Cruz
[…] Hecho hombre por amor a los hombres,
regaló la plenitud de su vida humana
a las almas que escogió.
Él, que formó cada corazón humano,
quiere un día manifestar
el sentido secreto del ser de cada uno
con un nombre nuevo que sólo comprende el que lo recibe (Ap 2,17).
Se unió a cada uno de los elegidos
de una manera misteriosa y única.
Sacando fuerzas la plenitud de su vida humana,
nos regaló la cruz.
¿Qué es la cruz?
El signo del mayor oprobio.
El que entra en contacto con ella
es rechazado por los hombres.
Los que un día Lo aclamaron
se vuelven contra Él con pavor y no Le conocen de nada.
Les es entregado sin defensa a sus enemigos. S
obre tierra no le quedan nada más
que los sufrimientos, los tormentos y la muerte.
¿Qué es la cruz?
El signo que señala el cielo.
Muy por encima del polvo y las brumas de aquí abajo
se eleva alta, hasta la luz más pura.
Abandona pues lo que los hombres pueden coger,
abre las manos, estréchate contra la cruz:
ella te lleva entonces
hasta la luz eterna.
Levanta la mirada hacia la cruz:
Ella extiende sus travesaños
a manera de un hombre que abre los brazos
para acoger al mundo entero.
Venid todos, vosotros que penáis bajo el peso de la carga (Mt 11,28)
y también los que gritáis, sobre la cruz con Él.
Ella es la imagen de Dios que, crucificado, se quedó lívida.
Ella se eleva de la tierra hasta el cielo,
como El que subió al cielo
y quiso llevarnos allí a todos juntos con Él.
Abrazando solamente la cruz, lo posees a Él,
el Camino, la Verdad, la Vida (Jn 14,6).
Si llevas tu cruz, es ella quien te llevará,
será tu gloria.
evangeliodeldia.org
Jesús dijo a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto,
para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
Comentario del Evangelio: “Para que el mundo se salve por él” Por: Santa Teresa Benedicta de la Cruz
[…] Hecho hombre por amor a los hombres,
regaló la plenitud de su vida humana
a las almas que escogió.
Él, que formó cada corazón humano,
quiere un día manifestar
el sentido secreto del ser de cada uno
con un nombre nuevo que sólo comprende el que lo recibe (Ap 2,17).
Se unió a cada uno de los elegidos
de una manera misteriosa y única.
Sacando fuerzas la plenitud de su vida humana,
nos regaló la cruz.
¿Qué es la cruz?
El signo del mayor oprobio.
El que entra en contacto con ella
es rechazado por los hombres.
Los que un día Lo aclamaron
se vuelven contra Él con pavor y no Le conocen de nada.
Les es entregado sin defensa a sus enemigos. S
obre tierra no le quedan nada más
que los sufrimientos, los tormentos y la muerte.
¿Qué es la cruz?
El signo que señala el cielo.
Muy por encima del polvo y las brumas de aquí abajo
se eleva alta, hasta la luz más pura.
Abandona pues lo que los hombres pueden coger,
abre las manos, estréchate contra la cruz:
ella te lleva entonces
hasta la luz eterna.
Levanta la mirada hacia la cruz:
Ella extiende sus travesaños
a manera de un hombre que abre los brazos
para acoger al mundo entero.
Venid todos, vosotros que penáis bajo el peso de la carga (Mt 11,28)
y también los que gritáis, sobre la cruz con Él.
Ella es la imagen de Dios que, crucificado, se quedó lívida.
Ella se eleva de la tierra hasta el cielo,
como El que subió al cielo
y quiso llevarnos allí a todos juntos con Él.
Abrazando solamente la cruz, lo posees a Él,
el Camino, la Verdad, la Vida (Jn 14,6).
Si llevas tu cruz, es ella quien te llevará,
será tu gloria.
evangeliodeldia.org
El Papa presidió la celebración de 20 matrimonios
En la mañana de este domingo, 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el papa Francisco presidió la misa, en la basílica de San Pedro, con el rito del sacramento a veinte parejas de novios de la diócesis de Roma. Acompañaron a los emocionados novios sus familias y cuarenta sacerdotes amigos de los nuevos esposos. Algunas de las parejas vivían juntas desde hace algún tiempo y tienen hijos.
La ceremonia, la primera en el pontificado de Francisco, nació de su deseo de celebrar matrimonios. Se envió la solicitud del Papa a todos los sacerdotes de la diócesis de Roma para que escojan una pareja que exprese su sí en la basílica de San Pedro, con la bendición del Papa.
En su homilía, el Obispo de Roma recordó que el matrimonio “es símbolo de la vida, de la vida real”, y afirmó que no es una “novela”. Sino que es el sacramento del amor de Cristo y de la Iglesia, “un amor que encuentra en la Cruz su prueba y su garantía”.
El amor de Jesús bendijo y consagró la unión de los esposos, dijo el Papa y es capaz de mantener su amor y de renovarlo cuando humanamente se pierde, se hiere, se agota. El amor de Cristo puede devolver a los esposos la alegría de caminar juntos; porque eso es el matrimonio: un camino en común de un hombre y una mujer, en el que el hombre tiene la misión de ayudar a su mujer a ser mejor mujer, y la mujer tiene la misión de ayudar a su marido a ser mejor hombre. Esto es "la reciprocidad del amor".
Homilía el Santo Padre
La primera Lectura nos habla del camino del pueblo en el desierto. Pensemos en aquella gente en marcha, siguiendo a Moisés; eran sobre todo familias: padres, madres, hijos, abuelos; hombres y mujeres de todas las edades, muchos niños, con los ancianos que avanzaban con dificultad. Este pueblo nos lleva a pensar en la Iglesia en camino por el desierto del mundo actual, nos lleva a pensar en el Pueblo de Dios, compuesto en su mayor parte por familias.
Y nos hace pensar también en las familias, nuestras familias, en camino por los derroteros de la vida, por las vicisitudes de cada día. Es incalculable la fuerza, la carga de humanidad que hay en una familia: la ayuda mutua, la educación de los hijos, las relaciones que maduran a medida que crecen las personas, las alegrías y las dificultades compartidas. En efecto, las familias son el primer lugar en que nos formamos como personas y, al mismo tiempo, son los “adobes” para la construcción de la sociedad.
Volvamos al texto bíblico. En un momento dado, “el pueblo estaba extenuado del camino”. Estaban cansados, no tenían agua y comían sólo “maná”, un alimento milagroso, dado por Dios, pero que, en aquel momento de crisis, les parecía demasiado poco. Y entonces se quejaron y protestaron contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos sacaron?”. Es la tentación de volver atrás, de abandonar el camino.
Esto me lleva a pensar en las parejas de esposos que “se sienten extenuadas del camino”, del camino de la vida conyugal y familiar. El cansancio del camino se convierte en agotamiento interior; pierden el gusto del Matrimonio, no encuentran ya en el Sacramento la fuente de agua. La vida cotidiana se hace pesada, y muchas veces “da náusea”.
En ese momento de desorientación –dice la Biblia–, llegaron serpientes venenosas que mordían a la gente, y muchos murieron. Esto provocó el arrepentimiento del pueblo, que pidió perdón a Moisés y le suplicó que rogase al Señor que apartase las serpientes. Moisés rezó al Señor y Él dio el remedio: una serpiente de bronce sobre un estandarte; quien la mire, quedará sano del veneno mortal de las serpientes.
¿Qué significa este símbolo? Dios no acaba con las serpientes, sino que da un “antídoto”: mediante esa serpiente de bronce, hecha por Moisés, Dios comunica su fuerza de curación, fuerza de curación que es su misericordia, más fuerte que el veneno del tentador.
Jesús, como escuchamos en el Evangelio, se identificó con este símbolo: el Padre, por amor, lo ha “entregado” a Él, el Hijo Unigénito, a los hombres para que tengan vida; y este amor inmenso del Padre lleva al Hijo, a Jesús, a hacerse hombre, a hacerse siervo, a morir por nosotros y a morir en una cruz; por eso el Padre lo ha resucitado y le ha dado poder sobre todo el universo. Así se expresa el himno de la Carta de San Pablo a los Filipenses. Quien confía en Jesús crucificado recibe la misericordia de Dios que cura del veneno mortal del pecado.
El remedio que Dios da al pueblo vale también, especialmente, para los esposos que, “extenuados del camino”, sienten la tentación del desánimo, de la infidelidad, de mirar atrás, del abandono. También a ellos Dios Padre les entrega a su Hijo Jesús, no para condenarlos, sino para salvarlos: si confían en Él, los cura con el amor misericordioso que brota de su Cruz, con la fuerza de una gracia que regenera y encauza de nuevo la vida conyugal y familiar.
El amor de Jesús, que ha bendecido y consagrado la unión de los esposos, es capaz de mantener su amor y de renovarlo cuando humanamente se pierde, se hiere, se agota. El amor de Cristo puede devolver a los esposos la alegría de caminar juntos; porque eso es el matrimonio: un camino en común de un hombre y una mujer, en el que el hombre tiene la misión de ayudar a su mujer a ser mejor mujer, y la mujer tiene la misión de ayudar a su marido a ser mejor hombre. Ésta es su misión entre vosotros. “Te amo, y por eso te hago mejor mujer”; “te amo, y por eso te hago mejor hombre”.
Es la reciprocidad de la diferencia. No es un camino llano, sin problemas, no, no sería humano. Es un viaje comprometido, a veces difícil, a veces complicado, pero así es la vida. Y en el marco de esta teología que nos ofrece la Palabra de Dios sobre el pueblo que camina, también sobre las familias en camino, sobre los esposos en camino, un pequeño consejo. Es normal que los esposos discutan. Es normal. Siempre se hizo. Pero les doy un consejo: que sus días jamás terminen sin hacer las paces. Jamás. Basta un pequeño gesto. Y de este modo se sigue caminando.
El matrimonio es símbolo de la vida, de la vida real, no es una “novela”. Es sacramento del amor de Cristo y de la Iglesia, un amor que encuentra en la Cruz su prueba y su garantía. Les deseo, a todos vosotros, un hermoso camino: un camino fecundo; que el amor crezca. Deseo que sean felices. No faltarán las cruces, no faltarán. Pero el Señor estará allí para ayudarlos a avanzar. Que el Señor los bendiga”.
aica.org
La ceremonia, la primera en el pontificado de Francisco, nació de su deseo de celebrar matrimonios. Se envió la solicitud del Papa a todos los sacerdotes de la diócesis de Roma para que escojan una pareja que exprese su sí en la basílica de San Pedro, con la bendición del Papa.
En su homilía, el Obispo de Roma recordó que el matrimonio “es símbolo de la vida, de la vida real”, y afirmó que no es una “novela”. Sino que es el sacramento del amor de Cristo y de la Iglesia, “un amor que encuentra en la Cruz su prueba y su garantía”.
El amor de Jesús bendijo y consagró la unión de los esposos, dijo el Papa y es capaz de mantener su amor y de renovarlo cuando humanamente se pierde, se hiere, se agota. El amor de Cristo puede devolver a los esposos la alegría de caminar juntos; porque eso es el matrimonio: un camino en común de un hombre y una mujer, en el que el hombre tiene la misión de ayudar a su mujer a ser mejor mujer, y la mujer tiene la misión de ayudar a su marido a ser mejor hombre. Esto es "la reciprocidad del amor".
Homilía el Santo Padre
La primera Lectura nos habla del camino del pueblo en el desierto. Pensemos en aquella gente en marcha, siguiendo a Moisés; eran sobre todo familias: padres, madres, hijos, abuelos; hombres y mujeres de todas las edades, muchos niños, con los ancianos que avanzaban con dificultad. Este pueblo nos lleva a pensar en la Iglesia en camino por el desierto del mundo actual, nos lleva a pensar en el Pueblo de Dios, compuesto en su mayor parte por familias.
Y nos hace pensar también en las familias, nuestras familias, en camino por los derroteros de la vida, por las vicisitudes de cada día. Es incalculable la fuerza, la carga de humanidad que hay en una familia: la ayuda mutua, la educación de los hijos, las relaciones que maduran a medida que crecen las personas, las alegrías y las dificultades compartidas. En efecto, las familias son el primer lugar en que nos formamos como personas y, al mismo tiempo, son los “adobes” para la construcción de la sociedad.
Volvamos al texto bíblico. En un momento dado, “el pueblo estaba extenuado del camino”. Estaban cansados, no tenían agua y comían sólo “maná”, un alimento milagroso, dado por Dios, pero que, en aquel momento de crisis, les parecía demasiado poco. Y entonces se quejaron y protestaron contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos sacaron?”. Es la tentación de volver atrás, de abandonar el camino.
Esto me lleva a pensar en las parejas de esposos que “se sienten extenuadas del camino”, del camino de la vida conyugal y familiar. El cansancio del camino se convierte en agotamiento interior; pierden el gusto del Matrimonio, no encuentran ya en el Sacramento la fuente de agua. La vida cotidiana se hace pesada, y muchas veces “da náusea”.
En ese momento de desorientación –dice la Biblia–, llegaron serpientes venenosas que mordían a la gente, y muchos murieron. Esto provocó el arrepentimiento del pueblo, que pidió perdón a Moisés y le suplicó que rogase al Señor que apartase las serpientes. Moisés rezó al Señor y Él dio el remedio: una serpiente de bronce sobre un estandarte; quien la mire, quedará sano del veneno mortal de las serpientes.
¿Qué significa este símbolo? Dios no acaba con las serpientes, sino que da un “antídoto”: mediante esa serpiente de bronce, hecha por Moisés, Dios comunica su fuerza de curación, fuerza de curación que es su misericordia, más fuerte que el veneno del tentador.
Jesús, como escuchamos en el Evangelio, se identificó con este símbolo: el Padre, por amor, lo ha “entregado” a Él, el Hijo Unigénito, a los hombres para que tengan vida; y este amor inmenso del Padre lleva al Hijo, a Jesús, a hacerse hombre, a hacerse siervo, a morir por nosotros y a morir en una cruz; por eso el Padre lo ha resucitado y le ha dado poder sobre todo el universo. Así se expresa el himno de la Carta de San Pablo a los Filipenses. Quien confía en Jesús crucificado recibe la misericordia de Dios que cura del veneno mortal del pecado.
El remedio que Dios da al pueblo vale también, especialmente, para los esposos que, “extenuados del camino”, sienten la tentación del desánimo, de la infidelidad, de mirar atrás, del abandono. También a ellos Dios Padre les entrega a su Hijo Jesús, no para condenarlos, sino para salvarlos: si confían en Él, los cura con el amor misericordioso que brota de su Cruz, con la fuerza de una gracia que regenera y encauza de nuevo la vida conyugal y familiar.
El amor de Jesús, que ha bendecido y consagrado la unión de los esposos, es capaz de mantener su amor y de renovarlo cuando humanamente se pierde, se hiere, se agota. El amor de Cristo puede devolver a los esposos la alegría de caminar juntos; porque eso es el matrimonio: un camino en común de un hombre y una mujer, en el que el hombre tiene la misión de ayudar a su mujer a ser mejor mujer, y la mujer tiene la misión de ayudar a su marido a ser mejor hombre. Ésta es su misión entre vosotros. “Te amo, y por eso te hago mejor mujer”; “te amo, y por eso te hago mejor hombre”.
Es la reciprocidad de la diferencia. No es un camino llano, sin problemas, no, no sería humano. Es un viaje comprometido, a veces difícil, a veces complicado, pero así es la vida. Y en el marco de esta teología que nos ofrece la Palabra de Dios sobre el pueblo que camina, también sobre las familias en camino, sobre los esposos en camino, un pequeño consejo. Es normal que los esposos discutan. Es normal. Siempre se hizo. Pero les doy un consejo: que sus días jamás terminen sin hacer las paces. Jamás. Basta un pequeño gesto. Y de este modo se sigue caminando.
El matrimonio es símbolo de la vida, de la vida real, no es una “novela”. Es sacramento del amor de Cristo y de la Iglesia, un amor que encuentra en la Cruz su prueba y su garantía. Les deseo, a todos vosotros, un hermoso camino: un camino fecundo; que el amor crezca. Deseo que sean felices. No faltarán las cruces, no faltarán. Pero el Señor estará allí para ayudarlos a avanzar. Que el Señor los bendiga”.
aica.org
sábado, 13 de septiembre de 2014
La imagen que vuelve a abrir el debate de la ley del aborto en Reino Unido
Emily Caines, de 25 años, ha hecho pública una foto del momento del nacimiento de su niña de 24 semanas. El bebé era demasiado pequeño para sobrevivir, pero sus padres han querido abrir un debate en Reino Unido, donde se permite el aborto hasta las 24 semanas de gestación. Caines declaró al diario "Daily Mirror" que "la imagen de nuestra niña demuestra que a las 24 semanas no son fetos sino seres humanos completamente formados. Pensar que alguna mujer puede decidir legalmente interrumpir su embarazo porque no encaja dentro de su estilo de vida es horrible. Si es por motivos de salud, la situación cambia"
Emily recuerda que "el grito de la niña nos llenó de esperanza. Sus pequeños puños se agitaban y pude ver a los médicos que trataban de salvarla. Sin embargo, una hora después nos dijeron que estaba resultando imposible poner en funcionamientos sus pulmones para ayudarla a respirar y estuvimos de acuerdo en dejarla marchar. Me resulta especialmente hiriente cuando la gente usa el término aborto involuntario para describir el caso de nuestra hija, pero la foto de ella gritando muestra que claramente que no es el caso".
larazon.es
viernes, 12 de septiembre de 2014
Enseñarás a volar
Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida.
Sin embargo… en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño,
perdurará siempre la huella del camino enseñado.
Poema de la Madre Teresa de Calcuta
calcuta.org
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