jueves, 11 de septiembre de 2014

Testimonio de Fe de Chicharito Hernández


Javier “Chicharito” Hernández es el futbolista mexicano del momento. Tras convertirse en una de las sensaciones del fútbol inglés con sus grandes actuaciones en el Manchester United (donde en diciembre de 2012 fue elegido mejor jugador de la Premier League), acaba de ser cedido al Real Madrid por una temporada.

Sin embargo, no sólo su fútbol y sus goles han impresionado a los ingleses sino que la profunda fe y la humildad de este joven de 26 años le han puesto como ejemplo para los jóvenes. Aparece ya en las listas de los deportistas más religiosos del mundo.

Siempre habla de Dios
A pesar de la fama y el dinero, Chicharito no ha perdido el norte y tiene muy claro de dónde viene y hacía dónde va. Nunca ha ocultado su ferviente fe católica, es más, sorprende la cantidad de veces que habla de Dios. En todas y cada una de sus entrevistas y apariciones públicas le da gracias por lo que tiene y por la oportunidad de jugar al fútbol.

La imagen más llamativa y más conocida de este futbolista se produce antes de cada partido cuando se pone de rodillas con los ojos cerrados y con los brazos abiertos mientras ora. “Siempre rezo en el campo antes de un partido. Es una rutina importante para mí pero no es superstición”, afirma. “Me gusta rezar, puedo hablar con Dios y le digo que tenga cuidado de la salud de ambos equipos”.

Un ángel en los “diablos rojos”
Curiosamente, este “ángel” que reza por compañeros y rivales presta sus servicios en el histórico Manchester United, conocido popularmente en todo el mundo como los “red devils”, los diablos rojos. Un ángel entre demonios.

A pesar de ello, su religiosidad le causó varios problemas en el fútbol británico. Sufrió amenazas de los protestantes del Rangers por su devoción católica e incluso distintos estamentos intentaron convencerle de que no rezase en público para no caldear el ambiente.

Orgulloso de ser católico
Esta fe de la que hace gala ha interrogado a seguidores y periodistas en Inglaterra. Pero él lo tiene claro: “Soy católico, no me da pena decirlo. En mi casa he recibido una educación católica, mi abuelita es sobre todo muy católica y es la base de nuestra familia”. Y es que su abuela, doña Lucha, le inculcó desde pequeño su amor a la Iglesia Católica y a la Virgen María, algo que este futbolista de éxito no ha olvidado.

Dios y la familia, la clave del éxito
La familia es lo más importante para él y la que le ha dado estabilidad en un mundo tan complicado como el del fútbol. En una entrevista le preguntaron que definiera el éxito en tres palabras y no dudó: “Dios, familia, perseverancia”.

Si ya ha conseguido triunfar en el fútbol, su sueño desde niño, ahora va camino de realizar el segundo, que pasa por casarse y ser padre. Pese al éxito sigue con su novia de toda la vida. “Quiero ser esposo, quiero ser padre de familia, pero todo a su debido tiempo. Dios va a decidir eso, y cuando sea, obviamente cambiará toda mi vida”.

Agradecido con Dios
Al igual que su fe, la humildad que demuestra en el día a día no deja indiferente a nadie en Manchester. Chicharito relata que “me considero una persona realizando sus sueños, luchando por lo que siempre soñó desde chico, haciendo lo que siempre quiso…pero no va ha haber profesión, ni trabajo, ni logros, ni dinero que me hagan sentir más o menos que los demás. Siempre estaré muy agradecido con mi familia y también con Dios, por haberme inculcado esto”.

Este carácter también se ha ido forjando con distintos acontecimientos de su vida, que le han hecho dar la verdadera importancia a las cosas. De hecho, estuvo a punto de abandonar el fútbol y fue esa crisis la que le llevó hacía Dios.

La crisis que cambió su vida
“Estuve cerca de retirarme, tenía muchas dudas sobre si seguir o no en este camino que Dios me había puesto. No estaba jugando mucho y estaba de reserva” y empezó a estar muy triste. En ese momento, un compañero suyo en el Chivas, Ramón Morales, trece años mayor que él, le ayudó sobremanera. Así lo relata el veterano jugador: “la forma en que traté de ayudarlo era decirle que confiara mucho en Dios, yo creo, él cree mucho en Dios, su familia cree. Y que Dios da cuando nos esforzamos, cuando hacemos las cosas con honestidad, respeto y dedicación”.

Poco a poco, en esta situación se fue aferrando cada vez más a Dios y comenzó a “a ver la vida desde otra perspectiva, saber que si no me va bien en el fútbol puedo ser feliz, es cuando aprendí que la vida es más que tu profesión, porque aunque sea tu sueño, aunque luches por él no lo es todo. Así empecé a disfrutar de cada entrenamiento, cada minuto, cada momento de estar con mi familia. Empecé a disfrutar de muchísimas cosas más allá del fútbol. Me apegué mucho a Dios y creo que eso me ayudó bastante para poder creer más en Él y ver la vida de otra manera”.

El sabio consejo de su abuela
Hay un consejo de su abuela que le ha acompañado desde entonces y que afirma que nunca olvidará y que dice que “el tiempo de Dios es perfecto y Dios sabrá los tiempos para cada uno”. Y las consecuencias son evidentes. Tras este bache su carrera despegó. Es el ídolo mexicano, goleador de su selección en el Mundial y ahora triunfa en Europa. Pero sin Dios y su familia no habría sido posible. Chicharito no lo olvida.

Javier Lozano
religionenlibertad.com

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viernes, 5 de septiembre de 2014

La victoria del mal

No triunfa el mal cuando mata a los buenos, cuando encarcela a los inocentes, cuando roba a unos ancianos, cuando esclaviza a los más débiles. No triunfa el mal cuando lleva a la cárcel a quien no tiene culpa, cuando denigra a un político honesto, cuando hace que fracase un empresario que buscaba el bien de sus obreros. No triunfa el mal cuando un fanático impone sus ideas a millones de personas, cuando las encadena bajo una dictadura despiadada en la que los enemigos son asesinados o encarcelados de modo sistemático.

La verdadera victoria del mal consiste en que los buenos acepten, también ellos, hacer el mal con tal de vencer a los malos, para imponer la justicia, para dominar al enemigo criminal.

Tolkien se dio cuenta de este peligro mientras escribía El Señor de los anillos. Vivía entre las bombas y las angustias de la Segunda Guerra Mundial, y observaba con pena cómo el deseo de los buenos de vencer al reino del mal, al Tercer Reich, carcomía poco a poco algunos corazones, y los llevaba a cometer injusticias sumamente graves.

Tolkien explicita esta idea en algunas de sus cartas. Escogemos una dirigida a su hijo Christopher, el cual estaba destinado como soldado en África del Sur en los días de la terrible guerra:

“Estamos intentando conquistar a Sauron a través del uso del anillo. Y lo lograremos (parece). Pero el precio será, como tú bien sabes, el de alimentar nuevos Saurones y transformar lentamente a los hombres y a los elfos en orcos” (carta a Christopher Tolkien, 4 de mayo de 1944).

Hitler (representado por Sauron) fue vencido. La victoria, sin embargo, no se logró sin abusos, sin crímenes, sin atrocidades sobre civiles. La búsqueda del triunfo a cualquier precio llevó a bombardeos sobre ciudades indefensas y a otras injusticias que merecen una profunda atención por parte de la historia.

Vencer al mal a través del mal puede dar una extraña sensación de eficacia. En el fondo, sin embargo, es el mayor fracaso, es el inicio de nuevos males, es la decadencia de quien, teniendo la razón, habiendo sido bueno, ha entrado en la lógica del “poder”. Un poder que esclaviza (lo explica Tolkien en otra carta, tal vez escrita en 1951) a quien lo usa.

El abuso del poder se repite en tantos otros momentos de la historia humana. Algunos científicos nos prometen curaciones y terapias maravillosas (deseadas por todos) a través de la injusta destrucción de embriones. Organizaciones no gubernativas hablan de reducir la mortalidad materna (¿hay alguien que se oponga a un objetivo tan urgente y tan bueno?) a través de la legalización del “aborto seguro”, a través del crimen del hijo no nacido. Hay quienes luchan por terminar con la pobreza en el mundo a base de impedir que los pobres tengan hijos, incluso a través de esterilizaciones forzadas o de presiones para el uso de medios anticonceptivos, algunos claramente dañinos para la mujer.

La lista podría aumentarse. En nombre del bien, siempre en nombre del bien, muchos deciden “usar el anillo”. También en cosas pequeñas, en nuestra vida cotidiana. Copiar en un examen para que los padres estén contentos por mi nota. Engañar a un amigo para mejorar mi situación laboral y traer más dinero a la familia. Buscar trucos para evitar el pago de impuestos justos con el fin (bueno, siempre bueno) de dar mayor competividad a la empresa. Denunciar a un político malo (malo de verdad) a través de calumnias inventadas que, quizá, muestran más mi miseria moral que la del político a quien intento llevar a los tribunales.

El anillo tienta, hoy como ayer. De mil modos. Con la tentación más sutil y más engañosa: hacer el mal para obtener cosas buenas, cosas muy buenas.

Mientras, la conciencia llora, el corazón se hace pequeño, y nos hacemos un poco orcos, como decía Tolkien. La victoria alcanzada “para hacer el bien”, se ha convertido en la peor victoria: en una victoria del mal que nos ha atrapado y nos ha hecho entrar en la lógica del abuso, de la injusticia, de la violación de los principios que hacen a un hombre realmente bueno.

Quizá habrá que cerrar los ojos y no mirar más al anillo. Quizá habrá que reconocer que no vence quien calumnia a un inocente para evitar la cárcel, sino que vence el hombre honesto que prefiere ser encarcelado para no denunciar en falso a un compañero.

Quizá tenía razón un judío de Tarso, llamado Pablo, que se encontró con Jesús, que aprendió la ley del Evangelio, que nos escribió (bajo la luz del Espíritu Santo): “No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien” (Rm 12,21).

P. Fernando Pascual
catholic.net

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jueves, 4 de septiembre de 2014

“La Iglesia sufre con ustedes”, dijo Francisco a los cristianos iraquíes

El papa Francisco tuvo, -ayer al concluir su catequesis durante la audiencia general- unas palabras muy sentidas y conmovedoras hacia los peregrinos de lengua árabe, en particular a los procedentes de Irak, recordándoles que la Iglesia es madre y, al igual que sabe acompañar al hijo necesitado y buscar al perdido, también sabe “defender a los hijos indefensos y perseguidos”.

“Hoy -dijo- quisiera asegurar, especialmente a estos últimos, a los indefensos y perseguidos, la cercanía: ¡están en el corazón de la Iglesia, la Iglesia sufre con ustedes y está orgullosa de ustedes, orgullosa de tener hijos como ustedes, son su fuerza y el testimonio concreto y auténtico de su mensaje de salvación, de perdón y de amor¡

“Los abrazo a todos, a todos, ¡Qué el Señor los bendiga y los proteja siempre!”.

Después habló a los peregrinos de Polonia en que algunas ciudades recuerdan estos días el 75º aniversario de la segunda Guerra Mundial.

“Confiemos a la misericordia de Dios a los que perdieron la vida por amor de la patria y de los hermanos -señaló- e invoquemos el don de la paz para todas las naciones de Europa y del mundo. Hoy, especialmente tenemos necesidad de la paz. Invoquemos el don de la paz por intercesión de María, Reina de la Paz”.

aica.org

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Palabra y práctica

¿Jesús critica a las personas, o a lo que hacen las personas?

Mateo 23, 23-26 Descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley; la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!

Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno! ¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.

El texto:

Jesús se duele de los maestros de la ley y de los fariseos. Simulan una pretendida fidelidad a Dios cumpliendo con los numerosos preceptos, pero se olvidan de lo más importante: la justicia, la misericordia y la fe. ¿Jesús critica a las personas, o a lo que hacen las personas? ¿Hay un punto común entre las situaciones que critica Jesús?

La trama vital... Jesús critica la falta de coherencia entre palabra y práctica, la hipocresía que existe entre lo hay en el corazón y lo que se exige de manera exterior. Se duele de aquellos que parecen justos, misericordiosos y llenos de fe, cuando por dentro están llenos de sentimientos que no son piadosos, llenos de sentimientos que niegan lo que hacen parecer por afuera.

Jesús recrimina a estos hombres, tan preparados en las escrituras, tan llenos de cultura, los “defensores de la fe”, que pretenden guiar a la comunidad, sin poseer un espíritu pobre y libre de sus riquezas. Y así todo se echa a perder. De nada sirve “practicar” la fe, enseñarla, propagarla, si el orgullo llena el corazón y el amor al dinero, al poder, al prestigio, llena el alma.

¿En qué situaciones me puedo reconocer en que no guardo relación entre lo que profeso y lo que hago?

¿En qué cosas veo que cumplo, para quedar tranquilo y no me involucro con la justicia o la misericordia?

¿Qué puedo identificar como importante en la forma, en lo externo y sin atender lo interior como prioridad?

¿Qué cosas condeno del mundo, antes de mirar mi corazón y ver si no lo debo purificar primero?


iglesia.org

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miércoles, 3 de septiembre de 2014

El Papa: Los cristianos no somos huérfanos, la Iglesia es nuestra madre

“Uno no se convierte en cristiano por sí mismo, con sus propias fuerzas, de forma autónoma o en un laboratorio, sino que se genera y crece en la fe dentro del gran cuerpo de la Iglesia -dijo esta mañana el Papa en la audiencia general-. La Iglesia es realmente madre, una madre que nos da la vida en Cristo que nos hace vivir junto a otros hermanos en la comunión del Espíritu Santo”.

Francisco recordó que en esta maternidad, la Iglesia tiene como modelo a la Virgen María. “La maternidad de la Iglesia está en continuidad con la de María. La Iglesia en la fecundidad del Espíritu Santo, sigue generando nuevos hijos en Cristo. El nacimiento de Jesús en el vientre de María, en efecto, es preludio del renacer de cada cristiano en el vientre de la Iglesia. Entendemos entonces por qué la relación que une a María y a la Iglesia es tan profunda.

Mirando a María, descubrimos el rostro más bello y más tierno de la Iglesia, mirando a la Iglesia, reconocemos las características más sublimes de María. Los cristianos no somos huérfanos”.

El Papa señaló que la Iglesia es nuestra madre al habernos concebido en el Bautismo y cómo “desde ese día, como madre afectuosa nos hace crecer en la fe y nos indica con la fuerza de la Palabra de Dios, el camino de salvación, defendiéndonos del mal”.

La maternidad de la Iglesia se manifiesta de forma particular en el servicio de evangelización, al cual se dedica como una madre que ofrece a sus hijos el alimento espiritual que nutre y hace fructificar la vida cristiana. Y es con la fuerza del Evangelio y el apoyo de los Sacramentos que la Iglesia nos guía y acompaña por el camino de salvación y nos da la capacidad de defendernos del mal como una madre valiente que defiende a sus propios hijos de los peligros del mundo.

A pesar de que Dios haya vencido a Satanás, éste siempre regresa con sus tentaciones, advirtió el pontífice, subrayando que “no debemos ser ingenuos, sino estar atentos y permanecer firmes en la fe con los consejos y la ayuda de la madre Iglesia que, como tal, acompaña a sus hijos en los momentos difíciles”.

También animó a los presentes a no olvidar que la Iglesia somos todos los bautizados y a no ser cobardes y dar testimonio de esta maternidad.

“Confiemos en María -finalizó- para que nos enseñe a imitar su espíritu materno hacia nuestros hermanos, con la capacidad sincera de recibir, de perdonar, de dar fuerza e infundir confianza y esperanza”.

aica.org

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martes, 2 de septiembre de 2014

Yo lo miro a Él y Él me mira a mí

¿Te cuesta adorar? ¿No sientes nada? ¿Qué significa concretamenete hacer contemplación eucarística?

En sí misma no es otra cosa que la capacidad, o mejor aún, el don de saber establecer un contacto de corazón a corazón con Jesús realmente presente en la hostia. Todo esto en el mayor silencio posible, tanto exterior como interior. El silencio es el esposo predilecto de la contemplación que la custodia, como José custodiaba a María. Contemplar es establecerse intuitivamente en la realidad divina y gozar de su presencia. En la meditación prevalece la búsqueda de la verdad, en la contemplación, en cambio, el goce de la verdad encontrada.

Los grandes maestros de espíritu han definido a la contemplación como «una mirada libre, penetrante e inmóvil» (Hugo de San Víctor), o bien como «una mirada afectiva sobre Dios» (San Buenventura). Por eso realizaba una óptima contemplación aquel campesino de la parroquia de Ars que pasaba horas y horas inmóvil, en la iglesia, con su mirada fija en el sagrario y cuando el santo cura le preguntó por qué estaba así todo el día, respondió: «Nada, yo lo miro a él y él me mira a mí». Esto nos dice que la contemplación cristiana nunca tiene un único sentido, ni tampoco está dirigida a la nada (como sucede en otras religiones, como el budismo). Son siempre dos miradas que se encuentran: nuestra mirada sobre la de Dios y la mirada de Dios sobre nosotros. Si a veces se baja nuestra mirada o desaparece, nunca ocurre lo mismo con la mirada de Dios. La adoración eucarística es reducida, en alguna ocasión, a hacerle compañía a Jesús simplemente, a estar bajo su mirada, dándole la alegría de contemplarnos a nosotros que, a pesar de ser criaturas insignificantes y pecadoras, somos sin embargo el fruto de su pasión, aquellos por los que dio su vida: ¡Él me mira!

La contemplación no es impedida de por sí por la aridez que a veces se pude experimentar, ya sea debido a nuestra disipación o sea en cambio permitida por Dios para nuestra purificación. Basta darle un sentido, renunciando también a nuestra satisfacción para hacerle feliz a él y decir con las palabras de Charles de Foucauld: «Tu felicidad me basta». Jesús tiene la eternidad para hacernos felices a nosotros, nosotros no tenemos más que este breve espacio de tiempo para hacerle feliz.

A veces nuestra adoración puede parecer una pérdida de tiempo, pura y simplemente una mirada sin ver; pero en cambio ¡cuánto testimonio encierra! Jesús sabe que podríamos marcharnos y hacer cientos de cosas más gratificantes, mientras estamos ahí quemando nuestro tiempo, perdiéndolo «miserablemente». Cuando no conseguimos orar con el alma siempre podemos orar con nuestro cuerpo, y eso es orar con nuestro cuerpo.

En el libro del Éxodo leemos que cuando Moisés bajó del Monte Sinaí no sabía que la piel de su rostro se había vuelto radiante, por haber hablado con Dios. Moisés no sabía y nosotros tampoco lo sabremos; pero quizá nos suceda también a nosotros que, volviendo entre los hermanos después de estos momentos, alguien vea que nuestro rostro se ha hecho radiante, porque hemos contemplado al Señor. Y este será el más hermoso don que nosotros podamos ofrecerles.

Raniero Cantalamessa
Extraído de «La Eucaristía Nuestra Santificación»
Vivir de la Eucaristía

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lunes, 1 de septiembre de 2014

Partido por la paz


Por iniciativa del Pontífice se celebrará hoy en el estadio Olímpico de Roma un partido benéfico en el que habrá más de 50 jugadores en actividad y otros tantos retirados.

El partido es organizado por la iniciativa "Scholas Occurrentes" del Vaticano -una red mundial de escuelas que dirigen dos argentinos, José María del Corral y Enrique Palmeyro- y la Fundación PUPI italiana, fundada por el ex jugador argentino del Inter de Milán, Javier Zanetti.

Entre los animadores del encuentro, estará "Plim Plim, un héroe del corazón", un dibujo animado creado por los argentinos Guillermo Pino y Claudio Pousada, que se emite por Disney Junior para toda Latinoamérica, cuyo protagonista ayuda a sus amigos a descubrir la forma de solucionar sus problemas a través de valores como la amistad y la solidaridad.

Antes del partido, brindará un espectáculo musical la intérprete argentina Martina Stoessel, que saltó a la fama con el seudónimo de "Violeta".

En el marco del evento, se presentará también la canción elegida como el himno oficial de Scholas Occurrentes, que se llama "Sembradores del encuentro", con libro y música de los argentinos Chacho Garabal, Domingo Romano y Jano Piccardo, quienes están preparando versiones del tema en distintos idiomas.

El partido será emitido en vivo a través de la Televisión Pública, a partir de las 15.45 (hora argentina) del lunes 1, y será televisado en todo el mundo.

Según explicó el 'Pupi' Zanetti, Francisco "está muy entusiasmado" con la organización del evento y explicó que "detrás de este partido hay un mensaje muy fuerte que el Papa quiere mandar y que es la paz en el mundo, un valor que en estos momentos tan difíciles, necesitamos todos".

Además de los jugadores argentinos, se sumaron decenas de figuras del fútbol como Roberto Baggio, Gianluigi Buffon, Samuel Eto'o, Mesut Özil, Yuto Nagatomo, Andrea Pirlo, Ronaldinho, Andriy Shevchenko y David Trezeguet, Znidine Zidane, entre otros.

Los jugadores serán recibidos por el Papa el mismo 1 de septiembre por la tarde en el Aula Pablo VI del Vaticano, donde Francisco los bendecirá y hará entrega del olivo de la paz que será plantado por Zanetti y referentes de las diversas religiones.

infobae.com

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domingo, 31 de agosto de 2014

Evangelio del Domingo

Evangelio según San Mateo 16,21-27

Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá".
Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?
Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.

Comentario del Evangelio: “Que cargue con su cruz y me siga.” Por: Imitación de Cristo

Si de buena voluntad llevas la cruz, ella te llevará, y guiará al fin deseado, adonde será el fin del padecer, aunque aquí no lo sea. Si contra tu voluntad la llevas, cargas y te la haces más pesada: y sin embargo conviene que sufras. Si desechas una cruz, sin duda hallarás otra, y puede ser que más grave.

¿Piensas tu escapar de lo que ninguno de los mortales pudo? ¿Quién de los Santos fue en el mundo sin cruz y tribulación? Nuestro Señor Jesucristo por cierto, en cuanto vivió en este mundo, no estuvo una hora sin dolor de pasión. Porque convenía, dice, que Cristo padeciese, y resucitase de los muertos, y así entrase en su gloria (Lc 24,46s). Pues ¿cómo buscas tú otro camino sino este camino real, que es la vida de la santa cruz? […]

Mas este tal así afligido de tantas maneras, no está sin el alivio de la consolación; porque siente el gran fruto que le crece con llevar su cruz. Porque cuando se sujeta a ella de su voluntad, toda la carga de la tribulación se convierte en confianza de la divina consolación. […] Esto no es virtud humana, sino gracia de Cristo, que tanto puede y hace en la carne flaca, que lo que naturalmente siempre aborrece y huye, lo acometa y acabe con fervor de espíritu.

No es según la condición humana llevar la cruz, amar la cruz […]. Si miras a ti, no podrás por ti cosa alguna de éstas: mas si confías en Dios, El te enviará fortaleza del cielo, y hará que te estén sujetos el mundo y la carne. Y no temerás al diablo tu enemigo, si estuvieses armado de fe, y señalado con la cruz de Cristo.


evangeliodeldia.org

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Francisco: Es triste encontrar cristianos “diluidos”, que no se sabe si son cristianos o mundanos

En el mediodía de hoy, domingo 31 de agosto, el papa Francisco acudió a su cita dominical, con los miles de fieles y peregrinos de todo el mundo reunidos en la Plaza de San Pedro, para rezar juntos la oración mariana del Ángelus. En sus palabras previas al rezo, el Santo Padre se refirió al Evangelio del día que relata que Jesús, después de verificar que Pedro y los otros once creían en Él como Mesías y como hijo de Dios, “comenzó a explicarles que debía ir a Jerusalén y sufrir mucho, ser asesinado y resucitar al tercer día”.

Palabras del Papa

 
Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
siguiendo el itinerario dominical del Evangelio de Mateo, hoy llegamos al punto crucial en el cual Jesús, después de haber verificado que Pedro y los otros once habían creído en Él como Mesías e Hijo de Dios, “comenzó a explicarles que debía ir a Jerusalén y sufrir mucho, ser asesinado y resucitar al tercer día” (Mt 16,21).

Es un momento crítico en el cual emerge el contraste entre el modo de pensar de Jesús y el de los discípulos. Incluso Pedro siente el deber de reprochar al Maestro, porque no puede atribuir al Mesías un final innoble. Entonces Jesús, a su vez, reprocha duramente a Pedro, lo pone “en su lugar”, porque no piensa “según Dios, sino según los hombres” (v. 23) y sin darse cuenta hace el papel de satanás, el tentador.

Sobre este punto insiste en la liturgia dominical también el apóstol Pablo, el cual, escribiendo a los cristianos de Roma, les dice a ellos: “No se conformen a este mundo, no sigan los esquemas de este mundo, sino déjense transformar, renovando su modo de pensar, para poder discernir la voluntad de Dios” (Rm 12,2)

De hecho, nosotros los cristianos vivimos en el mundo, insertados plenamente en la realidad social y cultural de nuestro tiempo, y es justo que sea así; pero esto trae consigo el riesgo de convertirnos en “mundanos”, el riego que “la sal pierda el sabor” como diría Jesús (cfr. Mt 5,13), es decir, que el cristiano se “diluya”, pierda la carga de novedad que viene del Señor y del Espíritu Santo.

En cambio debería de ser al contrario: cuando en los cristianos permanece viva la fuerza del Evangelio, esa puede transformar “los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes de inspiración y los modelos de vida” (PAOLO VI, Esort. ap. Evangelii nuntiandi, 19).

Es triste encontrar cristianos “diluidos”, que parecen el “vino diluido” y no se sabe si son cristianos o mundanos, como el “vino diluido” no se sabe si es vino o agua, es triste esto. Es triste encontrar cristianos que no son más la sal de la tierra, sabemos que cuando la sal pierde su sabor no sirve para nada, su sal perdió el sabor porque se han entregado al espíritu del mundo, es decir, se han convertidos en mundanos.

Por eso es necesario renovarse continuamente nutriéndose de la linfa del Evangelio. ¿Y cómo se puede hacer esto en la práctica? Sobre todo leyendo y meditando el Evangelio todos los días, así la Palabra de Jesús estará siempre presente en nuestra vida; recuerden que les ayudara llevar siempre el Evangelio con ustedes, un pequeño evangelio, en el bolsillo, en la cartera y leer durante el día un pasaje, pero siempre con el Evangelio porque es llevar la Palabra de Jesús para poder leerla.

Además participando en la Misa dominical, donde encontramos al Señor en la comunidad, escuchando su Palabra y recibiendo la Eucaristía que nos une a Él y entre nosotros; y luego son muy importantes para la renovación espiritual las jornadas de retiro y de ejercicios espirituales. Evangelio,

Eucaristía y oración, no se olviden Evangelio, Eucaristía y oración: gracias a estos dones del Señor podemos conformarnos a Cristo y no al mundo, y seguirlo en su vida, el camino de “perder la propia vida” para encontrarla (v. 25). “Perderla” en el sentido de donarla, ofrecerla por amor en el amor – y esto comporta el sacrificio, la cruz – para recibirla nuevamente purificada, liberada del egoísmo y de la hipoteca de la muerte, llena de eternidad.

La Virgen María nos precede siempre en este camino; dejémonos guiar y acompañar por ella” (Trad.RV)

aica.org

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jueves, 7 de agosto de 2014

Como el dictador Pinochet engañó a Juan Pablo II: el saludo desde el balcón



El recuerdo del cardenal Tucci: “Nos burló a todos”

Juan Pablo II nunca hubiese querido asomarse junto a Augusto Pinochet desde el balcón del Palacio de la Moneda, en 1987, pero fue engañado por el dictador chileno.

Es cuanto ha relatado el cardenal Roberto Tucci, de 88 años, que entonces era el organizador de los viajes papales en el extranjero, en una entrevista en L'Osservatore Romano en la que revela las bambalinas de ese episodio que entonces conmocionó a la opinión pública en un momento en el que en Chile los opositores eran torturados y asesinados.

El purpurado jesuita ha confesado no poder olvidar “el rostro de Wojtyla cuando se dio cuenta del golpe que le jugó Pinochet”.

“Le hizo asomarse con él al balcón del palacio presidencial, contra su voluntad. Nos burló a todos”, exclamó.

“A los del séquito se nos acomodó en un saloncito en espera del coloquio privado. Según los pactos – que yo había concordado por disposición precisa el Papa – Juan Pablo II y el presidente no se habrían asomado para saludar a la multitud”.

“Wojtyla era muy crítico hacia el dictador chileno – revela el cardenal Tucci – y no quería aparecer junto a él. Yo tenía a la vista la única puerta que unía el saloncito, donde estábamos los del séquito, con la estancia en la que estaban el Papa y Pinochet. Pero, con un movimiento estudiado, le hicieron salir por otra puerta”.

“Pasaron ante una gran cortina negra cerrada – nos explicó después el Papa furioso - y Pinochet hizo detener allí a Juan Pablo II como si tuviera que enseñarle algo”.

A continuación, “la cortina se abrió de golpe y el Pontífice se encontró ante el balcón abierto sobre la plaza atestada de gente. No pudo retirarse, pero recuerdo que cuando se despidió de Pinochet le dirigió una mirada gélida”.

Al contrario, recordó el cardenal Tucci, el presidente argentino Raúl Alfonsín “fue más respetuoso, y no pretendió en absoluto aparecer a su lado”.

“En África en cambio reyes, dictadores y gobernantes corruptos lo llevaban por todas partes para aprovecharse de su imagen – dijo –. Él lo sabía, pero era un precio a pagar para encontrarse con la gente. Eso le dolía, pero lo soportaba. Después se desahogaba con nosotros. Y cuando hablaba no ahorraba las denuncias”.

El purpurado, que fue también director de la revista La Civiltà Cattolica y director general de Radio Vaticano, habló también de los muchos viajes programados y nunca realizados.

Como el que el Papa quería realizar a Sarajevo durante la guerra, en 1994. “Cuando fui sobre el terreno Alberto Gasbarri - actual director administrativo de Radio Vaticano y organizador de los viajes papales fuera de Italia – nos obligaron a llevar el chaleco antibalas. Era demasiado peligroso y casi imposible garantizar la seguridad absoluta”.

“Recuerdo con disgusto en cambio el fracaso de la visita a Hong Kong – continuó –. El cardenal John Baptist Wu Cheng-chung, obispo desde 1975, me manifestó su perplejidad. Hong Kong tenía aún su autonomía, pero la presencia del Papa podía ser interpretada como un acto descortés hacia Taiwan: estábamos en 1994, en la vigilia del paso de Hong Kong a China, sucedida en 1997”.

“Otra desilusión fue el fracaso del viaje que el Papa quería hacer a Iraq tras la guerra del Golfo. Recuerdo que alcanzamos una base militar en avión en plena noche. Después seis horas de coche hasta Bagdad. Estuvimos tres días discutiendo con dos vice-ministros de Exteriores, quienes afirmaban que el Papa no había entendido nada porque Abraham era musulmán”.

“Al final nos dijeron que el Papa en la tierra de Abraham, es decir en el sur de Iraq, en la frontera con Irán, habría representado un riesgo muy serio por los posibles atentados, de los que se habría echado la culpa después a los iraquíes”.

El cardenal Tucci habló también de los encuentros fallidos con el Patriarca ortodoxo de Moscú y de todas las Rusias, Alejo II.

“La primera vez fue cuando el Papa debía dirigirse a Austria. Por voluntad de la Santa Sede organicé un encuentro con el Patriarca de Moscú Alejo II, porque el padre Pierre Duprey, entonces secretario del actual Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, había sondeado el terreno y parecía que los tiempos estuviesen maduros”.

“Había habido negociaciones y habían decidido que habrían podido encontrarse en Viena. Yo preparé todo el los mínimos detalles – recordó –. Habíamos elegido el monasterio cisterciense de la Santa Cruz. Pero pocos días antes el Patriarcado de Moscú nos hizo saber que el encuentro no se celebraría”.

“El motivo, nos dijeron, era el mal trato dirigido en Ucrania por los católicos a los ortodoxos para recuperar sus iglesias, un pretexto”.

“Lo mismo sucedió con ocasión de la visita a Pannonhalma, en Hungría, en 1996. También aquella vez estaba todo preparado, pero después pusieron ulteriores condiciones y saltó todo”.

El cardenal Tucci recordó también su amistad con Juan XXIII, que le eligió como perito durante el Concilio Vaticano II, recordando una anécdota: una audiencia que le concedió el Papa en la vigilia del famoso congreso de la Democracia cristiana en enero de 1962 en Nápoles, durante el cual Aldo Moro convenció a todo el grupo dirigente del partido de la necesidad de una alianza con el Partido Comunista Italiano.

“Durante el encuentro – dijo el purpurado – el Pontífice me repitió una cosa que ya me había confiado durante el primero de nuestros encuentros, es decir, que no deseaba ocuparse de las cosas de Italia y que quisiera que la Secretaría de Estado fuese muy cauta con las cuestiones italianas”.

“Me dijo que no entendía de política y que, en todo caso, pensaba que el Papa, perteneciendo a la Iglesia universal, no debía verse implicado en cuestiones particulares referidas a Italia”, añadió.

“A propósito de las divisiones internas de la Democracia cristiana, añadió - creo que refiriéndose a la izquierda – que había que respetar también a aquellos que no tenían, por así decirlo, las posiciones más aceptables, porque se trataba con todo de personas que defendían sus ideas de buena fe”.

“Yo no entiendo mucho de eso – dijo Juan XXIII – pero francamente no entiendo por qué no se puede aceptar la colaboración de otros que tienen una ideología diversa para hacer cosas en sí buenas, mientras no haya cesiones doctrinales”.

“Entendí así que Moro habría tenido vía libre – afirmó el cardenal Tucci –. Pienso incluso que al estadista le fue comunicada esta postura del Papa, porque conociendo su fe, no creo que hubiese procedido de otro modo por ese camino”.

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